Martes, 20 de abril del 2010El pez dorado
OK, OK Bellotita, este es el último que te cuento esta noche, yo ya me quiero dormir y tu mañana tienes que ir a la escuela. Te voy a contar esta historia que pasó hace muchos años, 30 para ser exactos, en una vacaciones tan calurosas como las que acabamos de pasar pero junto al mar.
Ese día lo había esperado con muchas ganas, mi papá nos llevó en su vochito por la carretera vieja así que hicimos como 10 horas de México a Acapulco, como nos fuimos de noche llegamos muy temprano y mi papá nos llevó directo a la playa para que viéramos el amanecer, yo no pude dormir durante todo el trayecto y cada hora le preguntaba a mi papá si ya estábamos por llegar. En cuanto llegamos yo me lancé directo hacia la primera ola que vi y esto fue lo que pasó: Me sumergí en el azul oscuro de aquellas aguas aun sin contaminar, a los pocos minutos de nadar en las profundidades me encontré a un pez muy simpático, después de observarme me preguntó como me llamaba y él me dijo que su nombre era Paco. -Ya… ¡Pero si los peces no hablan! -Pues éste si y además sabía inglés. -¿También era bilingüe? -Si, lo que pasa es que lo visitaban muchos turistas y pues sabía inglés y hasta un poco de francés. De inmediato me dijo que podía mover la panza por un peso o que si quería me podía dar un recorrido por el fondo del mar; yo que tantas veces había soñado con conocer los misterios de las aguas profundas de inmediato acepté y de esa forma él me pidió que lo siguiera. Lo primero que hizo fue presentarme a algunos de sus amigos, entre ellos un gran tiburón blanco llamado Tiburcio, tenía una boca grandísima pero le faltaban algunos dientes. -¿Cómo cuantos? -Pues varios, yo creo que no se los lavaba muy bien y por eso se le fueron cayendo, con decirte que cuando me estaba platicando que se la pasaba muy bien en el fondo del mar, ¡que se le cae un diente! Le dio tanta pena que se tapó la boca con su aleta para que no lo viera que estaba bien chimuelo; yo le dije que no se preocupara que a mi también me faltaba un diente que se me había caído hace poco y que lo que podía hacer era buscarse un dentista para que le revisara y arreglara la dentadura, pero el decía que ya no tenía caso. -¿Y qué pasó después? Pues seguimos nadando y conociendo lugares, llegamos a un lugar donde había un barco muy antiguo hundido tal vez por algún choque con un arrecife hace muchos años o tal vez por alguna pelea con piratas; le pedí a Paco que nos acercáramos para conocerlo pero él me dijo que lo mejor era que siguiéramos pues era un lugar muy peligroso. Había según él, un grupo muy grande de anguilas que vivían dentro del barco y que no dejaban que nadie se acercará, se suponía que custodiaban algo muy importante; pero nadie lo había comprobado pues no había forma de entrar. Le dije a Paco que no tuviera miedo y que no creía que las anguilas nos hicieran daño pero él estaba muy temeroso, me pidió que siguiéramos de largo y yo accedí momentáneamente, pues en cuanto nos alejamos unos metros y Paco se enfilaba hacia otro lugar que me quería mostrar, decidí regresarme y tratar de averiguar que había en ese barco. Me dirigí hacia la proa directito sin ver nada más; yo estaba seguro de que había algo interesante y quería conocerlo. En cuanto me acerqué me di cuenta de que todo estaba muy oscuro, no se veía nada y además todo estaba muy silencioso, ni un solo ruido, busqué en mi traje de baño algo para protegerme en caso de que alguien se acercara pero no traía nada. Seguí nadando, muy pegado a la coraza del barco, pues en la oscuridad no era fácil ubicarse; de pronto algo en el fondo y con un tenue resplandor me llamó la atención, no sabía lo que era pero el brillo me atraía, me fui acercando poco a poco sin darme cuenta que detrás algo vigilaba mis movimientos; al dar la vuelta para encaminarme hacia aquello que llamaba mi atención un grupo de anguilas empezaron a rodearme y una de ellas con una voz grave y profunda dijo –Aléjate ahora por tu bien. Me dejó congelado y sin saber que hacer, por un lado quería llegar al fondo pero también temía que algo me fuera pasar, fue mas el deseo que el miedo y seguí de largo, las anguilas se acercaron mas y una de ellas trató de tomarme por un pie, moví la pierna tan rápido como pude que choqué contra la puerta de acceso y me pegué en la cara, entonces... -No papá ya no me cuentes, ya me dio miedo -Espera Bellotita, todavía viene lo mejor -No, ya no me gustó y si te pasó algo y si te arranca un brazo. -¿Cómo crees? Si yo soy el protagonista de la historia, ¿no vez que no me pasó nada?, mira tengo el brazo completo. -Ah si verdad, pero a ver el otro. -Mira igual que el derecho -Está bien, síguele. El golpe me dejó aturdido y sin saber que hacer, entre la oscuridad, el movimiento del agua y lo mareado que me sentía, empecé a dar manotazos a diestra y siniestra, las anguilas se intercalaban para atacarme aprovechando la confusión, la verdad es que estaba perdiendo la pelea me sentía acorralado, los golpes eran continuos y no había forma de defenderme; cuando me encontraba literalmente dando “patadas de ahogado” pues dos anguilas me jalaban fuera del barco y otras dos me golpeaban sin cesar, una ráfaga de color blanco apareció como mi salvación; en tan solo unos segundos Tiburcio se hizo cargo de la situación: dando coletazos y “mordidas” terminó por ahuyentar a las anguilas, la verdad es que eso de las mordidas no se le deban, pues era como hacer “chopitas” por la falta de dientes, pero fue suficiente para que las anguilas marcaran la retirada al interior del barco; yo entre tanta confusión solo acerté a decir gracias y a alejarme tanto como pude del lugar. -¿Y que pasó después? ¿Te regresaste a la playa? ¿Te fuiste con tus papás? -¿Y desaprovechar la oportunidad de conocer el mar? N’ombre, como ya tenía mucha hambre y después de esa pelea tan cansada, el pez dorado se compadeció de mi y me invitó a comer, nos fuimos nadando hacia un puesto de tortas cuyo dueño era un pulpo de color marrón. -Oye, abajo del mar no venden tortas. -Claro que si eran tortas ahogadas -¿Cómo que tortas ahogadas? -Si lo que pasa es que el pulpo era de Jalisco, de Puerto Vallarta para ser más precisos, allá tenía otra tortería y acaba de abrir una sucursal en Acapulco. -Ah órale ¿y que pediste papá? -Pues ya te digo que una torta ahogada, pero la verdad es que estaba muy picosa y le pedí un refresco. -¿Pero cómo que un refresco?, si había agua de mar, ¿porque no te la tomaste? -No, el agua de mar no se puede tomar es salada y te puede hacer daño -Ah ¿y entonces que pediste? -Pues un Yoli de uva, solo en Acapulco venden esos refrescos. Cuando vayamos te voy a comprar uno. -¿Y luego que pasó? -Pues la cosa se complicó porque yo no traía dinero para pagar, como tu abuelito siempre me pagaba todo yo nunca cargaba dinero; así que le dije al pez dorado que si me prestaba y él le dijo al pulpo que si le fiaba en lo que íbamos al banco. -¿Un banco en el mar? -Si, estaba un poco lejos, así que tomamos el transporte público, pero como no traíamos para pagar nos fuimos pegaditos a una ballena que iba pasando y después de algunas millas náuticas nos bajamos en el banco de Coral. -¿De Coral? ¿Y quien era Coral? ¿Era una señora? -No exactamente, Coral era una sanguijuela que prestaba dinero. -Ah ¿y ahí si tenía dinero? -Si y ha como chupaba la sangre cada vez que nos recordaba que había que pagárselo al otro día. En fin el pez tomó el dinero y nos regresamos a pagarle al Pulpo las tortas. -¿y después que pasó? - Que me invita a una fiesta con sus cuates, una mariscada. -¿Qué es eso de mariscada? Puro marisco hija mía, ahí ya como que no me gusto. -¿Pero por que? -Pues es que los mariscos me caen mal. La verdad es que yo ya me había cansado y cada vez se hacia mas tarde, así como ahora que ya te tienes que dormir. -Pero ¿ya no me vas a seguir contando? -Si, otro día, hoy ya es muy tarde -Bueno…. Papá,…. ¿eso te pasó de verdad? -Claro que si Bellotita, ¿vez esta marca que tengo en la nariz? Pues fue la marca que me dejó la anguila cuando me atacó. -¡Oh!... Papá, ¿me puedes llevar a Acapulco a conocer a Paco el Pez dorado? -Claro que si hijita, ¿Pero y si a lo mejor ya no está? -Yo creo que si está papá y pues si no lo encontramos le podemos preguntar al pulpo o a Tiburcio que nos den razón de él; además ahora que aprenda a nadar nos podemos ir desde aquí nadando para ir preguntando por él. -Me parece una muy buena idea -Buenas noches Papá -Buenas noches Bella Bellota. -¿Ya se durmió la niña? -Si ya, ¡por fin! Cada vez me cuesta mas trabajo que se duerma, siempre quiere que le lea alguna historia. -Pues hoy si te tardaste. Para la otra mejor cuéntale alguna anécdota de tu vida-¿Ya le contaste la historia de cuando fuiste a Acapulco y te desmayaste por el calor? -¿Cuál que me desmayé? -No te hagas, si hasta tu mamá me ha contado que tuviste alucinaciones por el calor y la falta de sueño… ¿seguro no le inventaste otra historia como es tu costumbre, verdad? -Como crees, pero si yo soy incapaz. Referencias
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¡vaya! que bueno que las buenas costumbres familiares se quedan permanentes. Que bien se te dà èsto de contarles bellas fàbulas a `"bellotita" ojalà algùn dìa, en èsos de inspiraciòn, encuentres un final hermoso, pero no mènos interesante. de aquèlla historia que quedò pendiente, en èse viaje que hicimos por las estrellas de "chignahupan"....recuerdas? te envìamos un fuerte abrazo a ti y tus "bellotitas" cuidense mucho para que pronto algun dìa, podamos saludarnos personalmente.
Jajajaja, q lindo cuento me recuerda a esa gran persona q conocemos en comun, son pocos los niños q cuentan con un papa tan maravilloso como el mio, q se convierte en superheroe, poeta, cantante, amigo,y tan genial q todo lo puede. Se q bellotita tiene mucha suerte al tener un papa como tu....
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