Lunes, 14 de abril del 2008Te conocí bailando
Tu bisabuela hija mía, murió hace algunos años, poco antes de que tú nacieras. Y murió creyendo que yo conocí a tu madre bailando. Nada más cercano a la realidad, mi querida Bella bellota.
Tu madre podrá contarte otras historias, tal vez que fuimos amigos, compañeros de escuela, pero la verdad y solo la verdad es que todo comenzó hace ya casi veinte años.
Yo platicaba con algunos amigos, cosas sin importancia, cosas de adolescentes; cuando de pronto la vi pasar frente a mi; pelo largo, tez morena y ojos color aceituna. Le dije hola y ella solo sonrió; pero desde esa vez no me pude desprender de su sonrisa; poco a poco nos fuimos conociendo y en ese conocer inició el preludio del baile, se abrieron las puertas del salón. Sin buscarlo, la pista se abrió para dejarnos bailar y disfrutar de un ritmo muy suave, yo tímidamente la tomé de la mano y la invité a bailar, ella aceptó sin saber que nunca más nos separaríamos. El tiempo ha pasado y en el camino, hemos encontrado a muchos mas en este gran salón; algunos se han ido antes de que terminara la tanda, tal vez para ellos ese era su tiempo, pero nos dejaron pasos nuevos y otros ritmos que practicar. En ocasiones el baile deja de ser suave para convertirse en un tango o en un sabroso danzón, otra veces cuando las circunstancias lo han ameritado hay que bailar al ritmo que la banda toca, un fuerte rock and roll con mas piruetas y elasticidad pero que nos mantiene unidos contra la adversidad. De pronto y a ritmo de bosanova llegaste tu, con el ritmo sincopado que nos tiene locos de contento y que nos ha vuelto el mundo de cabeza, bailamos ahora los tres muy juntos, rodeados de muchos mas que nos acompañan, que te acompañan y a quienes acompañamos en sus propios bailes. Es cierto, hay veces en los que no quieres bailar tan pegado, hay ocasiones en las que el ritmo te lleva a moverte en diferentes tiempos, pero siempre bailando y confiando que al regreso, o que en la siguiente melodía tu pareja estará ahí para seguir bailando al mismo compás. Tu bisabuela lo sabía, a ella le gustaba la música y también bailar, fue ella quien enseño a Lito - tu abuelo- y a sus hermanos a bailar, ella nos contaba de las veces que en su juventud salía a bailar y lo mucho que lo disfrutaba, de cómo el tiempo desaparecía al oír las primeras notas. Y así como tu bisabuela enseñó a bailar a sus hijos, de la misma forma ellos con su ejemplo nos han enseñado sus propios pasos, esos que ahora practicamos contigo y a los cuales les hemos agregado algunos propios. Con el tiempo hija mía, conocerás otros bailes y otros compañeros y compañeras de baile, algunos estarán contigo solo por algunas canciones, otros si tienes esa suerte estarán contigo por muchas tandas más. Porque no hay nada más en esta vida que un gran salón de baile, a veces nos toca bailar solos, a veces nos toca bailar con la más fea. Pero cuando encuentras a tu pareja, esa que tomas de la mano, esa que a lo mejor al igual que tu no es un experto en el baile, pero que al ritmo de la música empiezan a descubrirse y a descubrir como bailar juntos; ahí Bellota, es cuando comprenderás, que no importa cuanto dure el baile, lo importante es seguir bailando hasta el cansancio. Ya habrá después de que escuches las últimas notas, tiempo para descansar. Referencias
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Daniel Galán
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